Viaje de ida y vuelta

Antonio Areta muere y la música viene a mi cabeza, como las calles del pueblo cuando huele a pan recién hecho en la calle, de madrugada. Antonio Areta muere y sin querer tarareo la cancioncita que dibuja los sueños frustrados de varias generaciones: «Vamos a la cama, que hay que descansar, para que mañana, podamos trabajar». Cuántas cosas nos creímos sin rechistar, sin una mínima discusión ni dos palabras bien dichas; sin embargos. Antonio Areta, el compositor de melodías que he repetido hasta la saciedad, muere. Y yo recuerdo las tardes con los amigos haciendo cola en el cine, a las cuatro y media, para entrar pronto y cantar todos a coro: «Mooooooovierecord, pararara tata tata tá tá tatá, nana nana nana nana, naraná nana nana y ná».

Antonio Areta muere y huele a pan y la pandilla canta a coro lo de ‘movierecord’ y la boca me sabe a palomitas y río a pierna suelta con las charlas sobre chicas y fotos prohibidas que sonaban entre cáscaras de pipas y latas de coca cola, en el banco de ese callejón secreto donde nos sentíamos reyes. Antonio Areta muere y somos adolescentes hablando de sexo, de madrugadas en vela, de vídeos eróticos en Canal Sur y del inquietante rumor que provoca que nos salgan granos en la cara. Entonces, muere también Emmanuel, la chica exótica de Canal Sur y acento gabacho cuyas insinuaciones se colaban en las charlas de reyes, callejones, pipas y fotos prohibidas.

Antonio Areta muere, sabe a pan y pipas y noto la corriente fresca del callejón de los reyes mientras termino el eco del movierecord y veo, ahora, en la pantalla del ordenador, una foto en la que se insinúa un pecho de Emmanuel. Antes, una teta era una conquista; ahora es cuestión de cometer una errata ingenua en Google y conquistarás setenta millones de resultados. Qué vida, la de Internet. Pero es tan grande Internet que si escribes ‘Movierecord’ encuentras los veinte segundos que cantábamos a coro. Y los canto otra vez, casi sin querer.

Antonio Areta muere y me recuerdo antes y me encuentro ahora. Supongo que habrá otro yo, más futuro y viejo, que estará mirando con nostalgia mientras escribo estas palabras. ¿Quién sabe cómo viajará mi yo futuro al pasado? Intentaré preguntarle cuando le vea. En la próxima vuelta. En el próximo giro. Siempre estamos dando vueltas. Girando. Somos volteadores. Giradores. Loopers.

 

  • Lo de “callejón de los reyes” es mucho más digno y elegante que el nombre original del callejón… 😛