Invictus (II)

Clint Eastwood sabe tanto por viejo como por diablo. Después de tantos años de carrera ha conseguido alcanzar una cima a la que todo artista aspira: no necesitar vender nada. Una película que implique a Eastwood es un marchamo de calidad que termina impregnando la cartelera con un público satisfecho.

Al tito Clint le sucede como al Mandela de ‘Invictus’, inspira. Cada palabra de Morgan Freeman es una delicia, un discurso atractivo y encantador del que no dudamos nunca. Freeman/Mandela usurpa el papel de entrenador de los ‘Springbocks’, el equipo de Rugby llamado a ganar la copa del mundo, para ser la gran metáfora de la historia: el poder de uno para cambiar el todo.

Pero sería injusto quitarle mérito al capitán del equipo, al líder que guía a los Springbocks a la victoria: Matt Damon. He de confesar mi debilidad por el actor. En los últimos años, sus trabajos camaleónicos han alcanzado -casi en todos los casos- el aplauso de crítica y público. Desde su maravillosa ‘El Indomable Will Hunting’ -con la que ganó el Oscar a Mejor Guión Original- y su carismática ‘Rounders’ -el poker siempre fue muy fotogénico. Muy cinematográfico-, ha pasado por películas que supieron combinar sus facetas más dramáticas con un físico diseñado para la acción (como la excelente saga de Bourne).

‘Invictus’ es un éxito humano. Una gran película por sus personas y por la devoción que actores y director demuestran por sus protagonistas. Es una oda a Nelson Mandela, un capítulo de la historia aún reciente que sigue siendo imprescindible. Hay muchas razones por las que debería ver ‘Invictus’: inspiración, Historia, amor al deporte, superación… Pero debería bastar con decir que es, otra vez, un éxito de Clint Eastwood.

Las otras vidas de Morgan Freeman

Los apellidos hablan de nosotros, de lo que fuimos, de lo que somos. Siempre me pareció interesante el estudio de los árboles genealógicos. Mirar atrás y descubrir tu ascendencia, imaginar aquella primera vez en la que un tipo llegó a la plaza del pueblo y preguntó en voz alta ¿dónde está el ‘cabrero’? Las otras vidas de Morgan Freeman tuvieron que ser apasionantes. ‘Freeman’. ‘Hombre libre’. Él representa a una generación de artistas afroamericanos (1937) que tuvieron que sufrir el apaleo constante del insulto y la indiferencia. Del miedo y la ignorancia. Pero que hoy son moraleja viva de una generación muerta.

Morgan Freeman es presencia. Es el actor con el que todo productor querría contar en su película porque, desde sus primeras años ‘Paseando a Miss Daisy’, no ha dejado nunca de seducir a la cámara. Y a nosotros. No es el más guapo ni el más dicharachero, pero tiene el carisma de los grandes; más que suficiente.

Su trabajo demuestra que los personajes que rondan al protagonista, los secundarios, son imprescindibles para amar una película. Sirvió de conciencia a Kevin Costner en ‘Robin Hood, Príncipe de los Ladrones’, a Hillary Swank en ‘Million Dollar Baby’, a Tim Robbins en ‘Cadena Perpetua’, a Brad Pitt en ‘Seven’, a Christian Bale en ‘El Caballero Oscuro’…

No creo que haya ningún otro actor vivo capaz de interpretar a Nelson Mandela. Él mismo decía en una entrevista reciente que es amigo del expresidente de Sudáfrica desde hace años, y que existe una admiración mutua entre ambos. Por eso, horas antes de ver ‘Invictus’, repito en mi foro interno, una y otra vez, las palabras que guían la película, la historia de Mandela y, posiblemente, la vida del actor: “Doy gracias al Dios que fuere por mi invicta alma. Soy el amo de mi destino, soy el capitán de mi alma”. Morgan Freeman. Un hombre libre.