Clint Eastwood se ha ganado el derecho a que defienda una película suya sin haberla visto. El director ha alcanzado una cota de talento en sus anteriores cintas, que a mí me tiene ganado. Es cierto que no todas son esas joyas que esperamos del vaquero. No todo puede ser ‘Gran Torino’ o ‘Million Dollar Baby’. Pero siempre, siempre, encuentro en las historias de Eastwood un pequeño trozo de humanidad que me toca el alma.
Con el estreno de ‘Invictus’ dije: “Clint Eastwood sabe tanto por viejo como por diablo. Después de tantos años de carrera ha conseguido alcanzar una cima a la que todo artista aspira: no necesitar vender nada. Al tito Clint le sucede como al Mandela de ‘Invictus’, inspira”.
Con ‘Más allá de la vida’, encontré un paralelismo: “Clint Eastwood hace de cada una de sus películas una reflexión en voz alta de los grandes temas del ser humano: el amor, la conquista, la guerra, el olvido, la inmigración… Sus cintas son capítulos de un diario muy personal que otros personajes interpretan, ya sea en un ring, en Iwo Jima, en un barrio residencial o en un campo de rugby. ‘Más allá de la vida’ tiene sabor a epílogo. Parece la carta que una voz experimentada escribe al novato que inicia la carrera. Una declaración de intenciones en la que Eastwood nos invita a pasar por alto a charlatanes y vende humos que dicen conocer el sentido de la vida para centrarnos en nuestra propia huella en el mundo: “Vive y disfruta, coño, que la muerte ya vendrá”.
Hoy se estrena ‘J. Edgar’ y ansío descubrir cuál es la inspiración que guarda este año Clint Eastwood para mí. Para nosotros. Cuál será, esta vez, la fórmula de la emoción. DiCaprio protagoniza. ¿Qué más quieren?
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