Las últimas fortalezas

La situación de los cines es preocupante y deberíamos tomar parte. Quiero decir. Los cines, esas salas oscuras que desprenden tanta luz, son parte de nuestra historia. La nuestra. La suya y la mía. Hemos escrito cientos de capítulos entre sus cuatro paredes y, como los libros, merecen nuestro respeto. Es cierto que la tecnología está transformando la forma de entender las películas. Cada vez es más fácil disfrutar del cine en casa, en una enorme pantalla y con una conexión a Internet. Ojo, no hablo de piratería. Hablo de los servicios por los que, antes o después, todos pagaremos con sumo gusto. Pero los cines no deben morir. Como las bibliotecas, los museos y los teatros. Necesitamos fortalezas. Castillos que protejan el maravilloso disfrute de las historias contadas.

Luego está lo del IVA. Ese peliagudo asunto que está sangrando las taquillas. Por ahora, las terribles estadísticas que vimos el pasado mes de septiembre se cumplen a rajatabla. Salas y multisalas que echan la persiana y pegan un folio blanco en la puerta de entrada: «nos vemos obligados a cerrar». ¿No se han fijado que los encargados de la tienda de chucherías también venden las entradas, las cortan e indican dónde está la sala? Pues eso.

Irónicamente, parece que Enrique González Macho, presidente de la Academia de Cine, pregonara con el ejemplo.  El fundador de Alta Films se ha visto obligado a cerrar 180 salas en toda España, algunas muy representativas dentro del círculo cinéfilo madrileño. Nadie está a salvo.

¿Hacía dónde nos lleva esta debacle de cifras, audiencia, aforos e impuestos? ¿Asistimos al inicio del final de las salas de cine como las entendemos hasta ahora? ¿Estamos más cerca de que nunca del cine doméstico como opción principal? ¿Somos conscientes del daño que hace la piratería al cine, a los artistas, a la cultura… a nuestro ocio? ¿Llegará el día en que el olor a palomitas llegue precedido del ‘pin’ del microondas de la cocina? La situación de los cines es preocupante y deberíamos tomar parte: vayamos al cine.

  • Antigono

    Lo que deberían es ser conscientes de que a esos precios van directos a la quiebra. Las entradas son más caras que nunca, el paro galopa, los sueldos bajan, ¿no entienden que es mejor vender a la mitad de precio y llenar que dejarlas a esos precios y seguir vacíos?

  • Marta

    Cierto lo que dice Antigono sobre los precios. Cierto también que yo debo entonar el mea culpa del no ir apenas al cine – aunque sigo leyendo de forma obsesiva sobre los estrenos, vaya vd. a saber por qué me gusta tanto sufrir sabiendo lo que me pierdo – pero, la verdad, es que tener que coger el coche y hacerte 40 km. (sumándole a la entrada la gasolina y el parking) para llegar a unos cines en los que prácticamente sólo estrenan pelis super taquilleras, las españolas si no vas la primera semana ya no están, etc. etc., pues eso… con compañía cuesta, sola que es como yo acostumbro a disfrutar más del cine, cuesta aún más.

    Eso echo de menos de Madrid, lo poco que me costaba allí hacerme un cine el día menos pensado, sin plan previo. Irte un sábado a Sol y, de pronto, decidir que lo que quieres es sesión doble y hala, “Gadiator” a las cuatro, y a las ocho, sin que se te haya pasado el “me enamorado de Russell Crowe”, cruzabas la calle y volvías a caer – una vez más – en las redes de John Cusack viendo “Alta Fidelidad”. Encantos de la Gran Vía.

    Pero sobre todo Madrid me descubrió los Renoir (y, más tarde, los Princesa)y el cine en versión original, ese que hacía flipar a una chica de provincias (de pueblo en realidad, de un pueblo sin cine) y que lo mismo se metía a ver “Los amantes del Pont Neuf” y quería ser como Juliette Binoche, que se doblaba “La Anguila” sin saber qué hacía allí exactamente, se olvidaba de que había ido acompañada a ver “Mensaka”, o se enamoraba perdidamente de su acompañante robándole planos a “Vías Cruzadas”. Mi día a día no va a cambiar nada porque cierren los Renoir, pero es un golpe bajo a mis recuerdos.

    Intentaré tomar parte.

  • Amapola

    Comparto muchas de las opiniones que dáis, pero considero que el kit de la cuestión es hacer entender a los de arriba que axfisiar con el IVA al canal de transmisión del séptimo arte es ir contra cultura y somos los ciudadanos los que tendríamos que defenderlo a capa y espada. Pero muchos de los ciudadanos no están tampoco concienciados, se sientan delante del ordenador y deciden que películas van a descargarse pensando: “Es más barato y no tengo que salir de casa”.
    Pero la sensación de ir al cine, lo que implica no es lo mismo: ver la cartelera, comprar palomitas, elegir tu asiento bien centrado y cercano a la pantalla para no perder detalle, el magnífico sonido con el que te eclipsa desde el minuto uno, etc. Las experiencias que te generan ir al cine con la persona con la que quieres ligar, con la que ya estás, con los amigos, con los niños, etc. eso lo estamos perdiendo y la culpa empieza en un sitio pero también acaba en otro.

    Conciencemonos de que sin el cine perderíamos muchas experiencias agradables de nuestra vida.