JE Cabrero

El cine siempre fue la excusa

El árbol de la vida (I)

El ser humano es extraordinariamente complejo. Cada poro de nuestra piel está formado por minúsculas células que funcionan como pequeños universos que ruedan su propia fortuna. Caminamos por la tierra como nómadas del tiempo, dejando que viento y marea choquen sus caprichos y conformen lo que quisimos llamar destino. A cada paso, echamos la vista atrás para sentirnos sabios. Poderosos. Mejores ante lo que fueron las fotos en blanco y negro. Ignorantes de la tremenda y acaparadora primera verdad: seguimos siendo una especie joven.

Las raíces del conocimiento erizan el vello del que sabe escuchar el arte. La música, el más perfecto de los dones, silba entre las hojas, aletea sobre el azul, navega bajo la cascada. Partituras matemáticas, perfectas, que acompasan los escaques de un tablero que vio ir y venir a millones de figuras inolvidables. El conocimiento transforma al peón y le confiere bases para comprender el mecanismo que arranca el motor humano. Extasiados por su belleza, lo copiamos y lo aplicamos al mundo que nos rodea presumiendo de una patente que lleva miles de años colgada de las ramas de un árbol.

Y cuanto más sabemos del rojo de la sangre, del verde de la tierra y del amarillo del cielo, usamos sus colores para pintar un dedo que señala al infinito y busca el hogar de Dios. Y miramos al techo de la capilla para dejarnos interpelar por el espíritu. Por el alma. Y oramos conscientes de que hay tanto infinito fuera como dentro del cuerpo. Y sonreímos sin explicación. Y corremos. Y saltamos. Y volamos mientras dormimos. Y escribimos poesías que no tienen sentido. O aún no lo tienen.

Pero todo: toda complejidad, toda ciencia y toda fe, música y matemática, alfa y omega, el cosmos y el latido, se tornan simples al mirar a los ojos del otro. Al coger su mano y acariciar su pelo. Descubrir que el infinito vive en el tiempo que dos labios tardan en tocarse, en el espacio que ocupa un susurro y en la herencia eterna de saberse padre, hijo y hermano.


Comentarios

9 respuestas a «El árbol de la vida (I)»

  1. Ganas de verla que tengo, copón.

  2. Avatar de Ruth Gómez

    Creo que es la primera vez que discrepo contigo. Para mí es una pelicula de corto guión, con una historia mediocre mal contada y llena de imágenes de documentales ineconexas. Quizá no esté en un momento de mi vida demasiado existencial, y se me escape lo espiritual del mensaje que debe tener. Pero la sensación que me deja es que es una pelicula larga, lenta, aburrida y absurda. Después de dos horas y media de imagenes (imagenes sin más) todavía me estaba preguntando ¿Esta peli cuando empieza?

  3. Avatar de JE Cabrero

    Ruth, si es que tampoco te voy a llevar la contraria. Creo que es una cosa tan ‘rara’, que no se puede medir por los baremos usuales. No es una película…es otra cosa.

  4. Buen descubrimiento el de este blog al que llego a través de Evaristo y su maletadekaplan.
    Desde luego lo que está claro es que no es una película «al uso» y que el cine sigue siendo un arte. Y como cualquier obra artística..te puede o no gustar.
    a mí desde luego me ha gustado mucho más de lo que esperaba.
    Un saludo!

  5. Avatar de JE Cabrero

    @Jose: Todo lo que llega en el equipaje de Evaristo es de buena calidad 😉 ¡resaludo!

  6. Acabo de llegar del cine de verla. Es única. Como bien dices, es otra cosa. Algo que creo fundamental en la película es que conecta directamente con cada persona, con su historia y te hace ver tu vida en la pantalla.
    Tus palabras me quieren sonar a la más alta «teología poética» como yo la llamo y que tanto me gusta. Qué curioso, dice la teología que el ser del hombre «a imagen y semejanza» del Misterio que es Dios se concreta, se define precisamente en lo inconcretable, en lo indefinible del Misterio que es el Hombre, abriéndose así un vaso de comunicación Dios-Hombre.
    No somos Dios, pero -como dice S. Pablo- somos de su linaje.
    Gracias por este regalazo de crítica. Un fuerte abrazo.

  7. Avatar de Desalysol
    Desalysol

    Ayer por fin la pude ver y aun le doy vueltas en la cabeza. A ratos me sentí pequeñito, a ratos un intruso en la vida de otros, a ratos intruso en mi vida, al final me sentí enorme y emocionado (gracias que mi Isa se puso a llorar como una magdalena….me evitó el sonrojo de mis acuosos ojos). Al salir hablamos de la pelicula y cada uno se vio afectado por cosas distintas. Algo tengo muy claro, es un peliculón, tanto es asi que doy gracias a que Terrence las espacie tanto en el tiempo, peliculas asi no se pueden ver en un corto espacio de tiempo.

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