Un sueño posible (The Blind Side)

¿Puede un hombre marcar la diferencia? Imaginen, por un momento, que nacieron para dejar una enorme huella en el mundo. Crean, sin lugar a dudas, que su leyenda será recordada por los siglos de los siglos. Acaricien, con la palma de su mano, un futuro en el que su nombre está guardado, a buen recaudo, en el corazón de otra persona. Quiero que visualicen la puerta que les da entrada a ese sueño. Un enorme portalón para el que ustedes no tienen llave alguna. Pueden empujar, gritar o, incluso, llorar. Pero la puerta nunca cederá. Llegado el momento, un tipo o una tipa aparecerán con una llave entre sus dedos, girarán el pomo y, con una sonrisa en la boca, les invitarán a seguir adelante.

“The Blind Side” no es la mejor película del año. De hecho, pongo en duda que ninguna de sus actuaciones merezca un Oscar, ni siquiera la más que correcta Sandra Bullock. La dirección no destaca. La fotografía es mediocre. La música, inapreciable. Pero, al salir de la sala, estoy seguro de que estarán impregnados de un espíritu fascinante. El clásico positivismo que invita a sonreír después de ver cualquier historia de superación.

El film de John Lee Hancock es la mejor opción veraniega para la familia, por supuesto. Para los amantes de la televisión ochentera, decir que es la versión moderna de Webster. Sólo que, en este caso, Webster no es un retaco, mide dos metros y es un deportista en ciernes.

Big Mike es un buen chico que nació en un mal lugar. Creció rodeado de pobreza, sin recibir una educación que le valiese una plaza en el instituto. Gracias a sus habilidades deportivas, un entrenador de fútbol se fijará en él y conseguirá que lo ingresen en el centro educativo. Pero no será nadie hasta que Anne (Sandra Bullock), una ricachona amante del rifle, decida abrirle las puertas de su hogar.
Muy recomendable.

Y no olviden que, algún día, sabe Dios cuando, oirán golpes, gritos e, incluso, llantos al otro lado del muro. No se olviden de abrir la puerta.